Viaje



Viaje


Estando al frente de este mar
construyo desde el viento,
quizá desde mis sentidos,
una expresión divina.
Navego en un pequeño barco
elaborado de hilos y llovizna,
entre los bosques de mi infancia
y mi mayor vejez.
Siento tu etérea compañía
y te tomo en mis brazos
(te abrazo ciertamente)
luego soy sólo un náufrago
abandonado en una isla
cantora y bulliciosa como la ciudad,
como las rejillas de mi abuela.
Olvido mi vestidura dúctil
y soy libre.
Vuelvo a mis años de infancia
como un marinero
al volver a casa
después de mucho tiempo
cuando todo ha cambiado;
ya no son ventanales,
ni perros, ni otros niños en la calle
jugando descalzos,
compartiendo risas.

Hoy son fantasmas solamente,
un retrato lóbrego,
fantasmas, sal y huesos,
fantasmas y vestiduras rasgadas
esperando una migaja de cariño
regalada por sus espejos.
Recorrí ese día
aquél tétrico sitio,
construyendo con el viento
y algunas de mis lágrimas;
y decidí volver
al lugar donde fui extranjero,
para muchos desconocido.
Volver en mi barco de hilos y llovizna.

Melvin Quintero

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