Memorial


Memorial


Al Verbo

Contemplo ante ti este discurso,
me obsequias gramática en una arista
y transcribo un cúmulo de letras
cada una con tu nombre, tu perfil.
Las aviento y a ti las dirijo,
te hago el destinatario estimado verbo
porque le has dado motivo, huella
y un sendero a estas frases.
Cada verso te recuerda,
tu mirar late en mi pena
y asimismo se marcha entre mis lágrimas,
se borra; hace polvo mis latidos.
Quizá sea mi deseo de escribirte
tu anhelo de recibir mis escritos,
una imagen lo dirá todo:
La obra vivaz del corazón,
como soplo purificado y vital,
saturado de emociones.

Si te permites atenderle un instante consigues paz,
como un fulgor dibujado en el alma,
la dirección del espíritu reflejado en tu esencia.
Eres cada palabra,
el abrigo.
...ahora me pierdo, observando la oración
iluminada por tu radiante luz, la impresión de tu
ser en mis letras: el acto. Poesía es verbo. Poesía
es acto...
Eres también el sentido
aunque habites la historia
y la lengua muerta sea simple saber.
Eres memoria, índice, estaca y latido
sin este último eres un ruido
desarticulado y confuso,
más o menos fuerte
llevadero por el más ligero viento.
¡Oh Verbo!
¿Cómo puedes definir tu propia esencia?
Desconozco el misterio de tu temple,
sin embargo, en ti me refugio con amor
evitando el temor a mis propias soledades.

En tus atrios me muestras reflejos,
heridas y cicatrices,
me formas,

-me deshaces-
hieres mi mejilla

y me otorgas el descanso.
En tus pupilas me desvelo,
viajo hasta perderme y ahogar mis albores
en un puñado de arena marina profunda.
Sé con cuánto dolor me concibes
pero me haces descansar arropado de luciérnagas.
En tus brazos encuentro resguardo
me traduces, me hallas,
luego del viaje y de la lágrima
me sitúas a voluntad propia,
desgarras mi aliento,
me haces barro
y soplas.
Con tus manos,
sobre mis fugaz existir,
soplas.

Melvin Quintero

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