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Todo poema en su estancia inicial
se siente en lo profundo del ser
en la desconocida esencia
desde donde discurre
suavemente
como lava escapando del volcán
creando surcos irremediables
y desesperación
hasta asentarse en un valle
en vocablo
y saltar prisionero a las páginas
por medio de un acto
de desconsuelo
un acto libertario.
Una vez libre el poema
mira con desprecio a su creador
arrojando en su rostro
la angustia del recuerdo
y desasosiego vividos
ante su imagen,
lo irremediable se hace verbo;

es necesario ahora leerlo
a viva voz
como si una saeta
atravesara el tímpano
hasta lo más profundo
del endotelio
y despertar una vez mas
entre lagrimas
prisioneras de cada línea.

Melvin Quintero

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