Forastero



Forastero


En mis viajes vi la ciudad, el mundo
tuve tiempo suficiente para admirarlo,
para vivirlo.
Me encontré distante, solitario, íngrimo,
abandonado en la desidia
sufriendo un desamor profundo.
Mi alma experimentó un vacío
como de duelo
mientras dormía en mi asombro,
entre tinieblas casi palpables,
densas sobremanera,
difíciles de respirar.
Vi el mundo, lo confieso
pese a ello, no es un grato recuerdo.
En la distancia pude oír
sus lamentaciones de dolor intenso,
mi corazón temió por momentos
pero no dejó de latir ante tan tenebrosa melodía.

No pertenezco a este sitio -dije-
aquí la ausencia de luces es infinita

no hay faroles ni luciérnagas,
ni las estrellas brillan por la noche,
en realidad todo es noche.
Todo es temor.

Es sencillo poder resumirlo:
Olvido y total despropósito.
Palpé el mundo, lo hice,
mas no siento orgullo en ello.
Quisiera haber respirado un aire más puro
pero allí no lo hay
un aire divino, quizá.

¿Cómo vine a parar aquí? -me pregunté-
y una extraña voz me repetía:

“Aquí perteneces, aquí naciste”
mi alma tenía un sentir distinto
mi espíritu clamaba contrariado

Soy forastero -dije-
Desaparecí súbitamente de aquel sombrío lugar

y no fui recordado siquiera,
me sentí olvidado
aun así, libre en el caudal y el ruido
sin fronteras
libre en la arena
libre en el humo
subiendo a la atmósfera
libre en el agua

-disuelto en agua viva-
arrojado al abismo en un manantial de amores.

Melvin Quintero

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