Despedida



Despedida


Tras dar un paso gigante entre la duda y un abrojo
caigo en el piélago,
ese foso infinito de barro y vapor
donde se desploma mi neonato
desdichadamente con desidia,
mirando el azul del cielo
y el anhelo de un arcoíris
en medio de su hálito.
Durante el instante ulterior, el instante último,
imagino un cedazo, un rescate heroico,
un prodigio.
Confío y me abandono
a una fragancia divina a mi alrededor
y por sentir seguridad en la llaga
olvido mi temores,
el terror al averno
y el miedo a la obscuridad.
Mi neonato descansa sobre una manta
y ha mudado sus pieles;
hoy lo viste un hábito de charol.
Es la entrega final,
la introspección del ser contemplativo,
la despedida, el camino,
la libertad.

Melvin Quintero

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