Danza



Danza


Serena nieve de abstracción,
al pensar, sobre tu lomo danzo,
cavilo y te aclamo prudente,
y me desligo de una puntual interrogante:
¿Acaso es carmesí el devenir del hambre, el hombre y
todo su pueril sentir,
de ser corola y convertirse en lágrima?
Su gran denuedo y su mérito son como soplo en los
cántaros rebosados de fábulas;
y su fuerza y talante son como vigilia en tus manos o
desvelo en tus pasos.
Castigo entonces mi sed
y sentencio mi humanidad a la sabiduría
(anónimamente a la incertidumbre del
desarrollo).
Cómo látigo en tus muslos destierro una ajena
interrogante:
¿Cuál es el valor de educar y el mérito de cultivar, si el
temple del cultor es un sentir intrínseco mordido por las
pieles de la simpatía?
Entrego mi niñez o tal vez mi mocedad a los
saberes de mi guía.

Cavilo y te aclamo sensata
y en las plateas intento responder fallidamente.
Procuro la respuesta en las mandíbulas de un virtuoso,
desprecio mis vacilaciones a las puertas de la obra
y continúo mi danza,
mi danza sobre tu lomo.

Luego danzo sobre arrojos,
aprecio, trascendencia y significados.
Nacen las frases insignes inspiradas por el atardecer
como viaje en las manos de un valiente sagaz
magnánimo ayo labrador de virtudes.
Danzando estoy a la luz de las dudas
y repentinamente al ocaso
me desligo nuevamente de una puntual interrogante:
¿Es el valor del sueño o el dolor de los pasos
el motivo de alcanzar nuestra cúspide?

Castigo entonces mi sed
y sentencio mi humanidad a tilde y sabiduría

Melvin Quintero

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