Vuelos Mi halcón levantó vuelo en tus pupilas, se remontó hasta el Serengueti voló lejos, sobre el Pacífico, el bosque lluvioso y las llanuras de Yellowstone; posó su garras en la cima de un majestuoso Secuoya, dió vueltas en el aire, volvió a casa, respiró el oxígeno alto de los Tepúes, Los Médanos y el Pico Espejo. Visitó los templos antiguos de Asia y conoció las culturas milenarias. Aprendió. En las alturas levantó súplicas y oraciones a Dios. Mi halcón vivió. Sobrevoló el Himalaya y respiro plenitud. Realizó quince o más viajes, quizá fueron veintiocho, pero un día inesperado cerraste tus ojos, tus pupilas se dilataron y sus alas se encontraron heridas durante el vuelo. Cayó sobre una roca en las montañas de Sebastopol, y ante tu insistente parpadeo, él agoniza. Yo muerdo un lamento: ¡He perdido mi halcón! Y destierro una súplica: “Cierra tus ojos o regálame una lágrima. Pues se han ido mis aires de p...